miércoles, 3 de septiembre de 2014

Quizá hoy me toca a mí soltarle la mano a él, ¿no? Después de tanto tiempo, de tantas etapas felices y llenas de color, así como otra grises y desbordadas de angustia, creo que lo correcto es dejar ir. Dejar ser. Pero es que realmente se vuelve todo tan difícil cuando llega el momento de borrar, de seguir... Borrar fotos o números de teléfono, no es olvidar, es ahí donde siempre me equivoco. Mi mayor error es quererme convencer de que superé algo borrando la evidencia de que existió alguna vez, y así no funciona. Es cuestión de aprender a vivir con mi pasado, con lo que ya fue y con lo que vendrá. Me es tan ajeno el sentimiento de necesitar al punto de encapricharme con eso, que no sé como manejarlo. Me encapriche mucho con que él fuera el gran amor de mi vida, porque así se lo ganó, pero ¿hoy es lo mismo? ¿lo será mañana? Es tan triste ponerme a pensar que tuve todo lo que pedí alguna vez. Tenerlo todo y querer más, tener lo que deseabas y no conformarte. Mi vida y más, es lo que daría, por un segundo de paz a su lado, un segundo en donde no exista el rencor para con el otro, ni la angustia de saber que ya no somos los mismos, en donde nos miremos fijo y ahí realmente dilucidemos si es verdad que no queremos vernos más, que no queremos seguir intentanto. Nos queremos convencer de haber superado al otro, y queremos convencer a ese otro de lo mismo. ¿Con qué fin? ¿Lastimar? ¿Vengarse? Ningún motivo es válido. Y a decir verdad, tampoco ninguna despedida fue válida para nosotros desde que tengo memoria. Es por ésto que quizá el hecho de que él me haya dicho tan fría y cruelmente que ya no quería volver, que sentía haberse ido del todo, me golpea tan horriblemente la espalda, dejándome en el suelo, sin más que hacer que pensar. Pensar y culparme, porque también es cierto que tuve gran culpa de todo lo que está pasando ahora. Estoy asumiendo con lo que me queda de energía, las consecuencias de mis actos. De nada sirve arrepentirme hoy, pero los lamentos y las ganas de volver el tiempo atrás, nadie me los quita. De pequeñas nos enseñan a dramatizar cada situación que se nos presenta, y ya por el simple hecho de ser mujer, la sociedad nos demuestra que llorando o haciendo berrinche se consiguen las cosas, y no es así nunca. Mi última oportunidad de ser feliz y querer que eso dure para siempre, se fueron con él, con su risa, con su amor. Pero es probable que su oportunidad de lo mismo, aún siga viva, esperando alguien que la sepa aprovechar, y ¿quién soy yo para impedirlo? Nota mental de ahora en adelante: no dejar pasar las oportunidades. Ni las buenas, ni las malas, ni las dudosas, ni las que atemorizan. Todas nos llevan a algo, todas nos dejan en un lugar nuevo, al cual sorprendentemente, quizá pertenecías hace mucho. Hoy me toca "vivir, y dejar vivir".

domingo, 20 de octubre de 2013

Era completamente impresionante el brillo de sus ojos, y la manera en que mi rostro en ellos también revelaba un pequeño destello.
Me miraba, y yo lo miraba, su boca denotaba nervios al temblar, y sus piernas un poco de seguridad al entrelazarse con las mías, nada más hermoso que un colchón para dos, ¿no?
Llegué a pensar que le divertía revolcarse conmigo ahí, como si fuésemos niños, queriendo hacer cosas que no debemos.
- Mira como me tienes, parezco una víctima.
- Todo depende.
- ¿De qué depende?
- De si quires ser mi víctima, o no.
- Prefiero decir que sí.
Bien sabía que quería que él se sintiera así, pero me gustaba el tono en que lo admitía, me generaba cosquilleo en todo mi cuerpo.

Lo oí preguntar.
- ¿Derecha o izquierda?
- Derecha.
- Muy bien.
Y entonces, de un segundo a otro, habían sucedido cosas que no esperaba, o que esperaba pero me daban pudor, o que no me daban pudor pero... en fin, cosas.
Nada más hermoso que un colchón para dos.

jueves, 22 de agosto de 2013

Contigo no quiero ni Paris, ni Santiago, ni Roma. Contigo prefiero quedarme en casa, tomarte de las manos y guiarte a donde jamás has viajado; ida sin retorno, amor con insomnio, cafés de madrugada y sexo por placer.


-Malaci/Cafeína para dos.
No te enamores, quereme a mí - Dijo Bee.
La recuerdo perfectamente en aquel momento. Estaba sentada en un sillón junto a la ventana con las piernas desnudas encogidas, acababa de ducharse y lavarse el pelo, llevaba sólo la ropa interior y la cabeza envuelta en una toalla, la cara franca, grande, me miraba con interés, casi divertida, sin temor.
*
Bee no se parece en nada a mí. Todo en ella se contrapone a mí; lo que en ella es anguloso, huesudo y pequeño, en mí es redondeado, suave y grande; mi pelo es corto y oscuro, el suyo largo y muy claro; su cara es tan bella, tan sencilla, toda armonía; sus ojos, su nariz, su boca de líneas regulares.




miércoles, 31 de julio de 2013

A pesar de ser la segunda vez que me encontraba en esta situación, todo me resultaba preocupantemente normal, me sentía cómoda, y debo decir que parecía
que era la vez número cuarenta y cinco que estaba ahí, en esa cama. Me miraba y lo miraba, nuestras pupilas se encontraban en un universo ajeno al nuestro
y se recitaban sonrisas en parpadeos, nuestros lados laterales de la nariz, más exactamente lo que rodea los orificios nasales, nos temblaban como si
quisieran escapar inmediatamente de ese lugar, pero a la vez quedarse a ver el espectáculo. Mi boca lograba con dificultad emitir una pequeña risa, que a la
vez se entremezclaba con un pucherito, una sonrisa aguantando la carcajada que me provocaba ese momento y el hecho de querer verme seria. Sus labios,
eran la combinación perfecta entre dulzura y agresividad, cuando me miraba serio, así fuese en broma, sus labios me indicaban todo. Su labio superior,
siempre intacto, ahí quieto, esperando el próximo ataque, y su labio inferior, un poco más notorio en su expresión, intentando hacer un pucherito sin hacerlo.
Debo confesar, que todas y cada una de sus expresiones o gestos, me generan distintas clases de cosquilleos en todo mi cuerpo, adoro eso.
Llegamos a un punto en el que yo quería arrancarle hasta la piel con mis dientes, y él quería lo mismo de mí. Nos -sé que ambos- sentíamos inseguros, y a la
vez, con ganas de llegar al final y volver a empezar. Mi corazón latía a una velocidad inimaginable, al compás del de él. A partir de eso, cada movimiento
por parte suya, me generaba ganas de besarlo hasta que no pudiera más, ¡hasta que se le cayeran los labios si eso era posible en esta realidad!
Se movía muy despacio, y parecía que tuviera todo calculado, cada movida, cada jugada, y creo en mi interior, que así era.
Me regalaba su mirada directo a mis ojos mientras lograba recorrer toda mi espalda con su mano tibia, me miraba muy serio, y cuando me generaba escalofríos
alevosos al llegar a mi nuca, se reía débilmente al descubrir la sonrisa que mis comisuras no podían retener más, y dejaban salir a la luz que representaba
la oscuridad de nuestra habitación.No encuentro palabras que puedan acercarse, a lo purificador, hermoso y encantador que son sus ojos en la
oscuridad, quizás por la forma en que me miran, quizás porque estábamos en ese lugar, juntos, o simplemente porque me encanta todo de él.
Sentía el compromiso de nuestro amor, lo sentía en el aire que respirabamos a la vez, lo podía sentir en nuestros suspiros tan elevados, podía reconocer
amor puro en nuestras manos sosteniendose firmes, a un costado de nuestros cuerpos, entrelazadas y apretandose cada vez con más fuerza. Amaba el hecho
de saber que estabamos transformando todo ese lugar, toda la situación, todos nuestros sentimientos incluso.
Debo admitir, que la idea de quedarme así, era sumamente perfecta en mi mente, o todavía mejor. Sentía el colchón haciéndose un paraíso pura y exclusivamente
para nuestro hospedaje, las sábanas abalanzandose sobre nosotros para llevarnos a lo más brillante y oscuro de la felicidad, todo al mismo tiempo, era una
sensación sorprendente, sentía sus pies sobre los míos, haciendome cosquillas y a la vez demostrándome que todo estaba bien, que era todo como debía ser.
Logré escuchar que pronunciaba esas palabras que tanto temor me dan. Me dijo, en pleno acto de valentía, que me amaba, si me lo hubiera dicho porque
sí, si me lo hubiera dicho tomando un helado o quizas comiendo papitas fritas, hubiera sido algo enternecedor y bonito, pero me lo estaba diciendo, en un
segundo que conllevaba evitar las mentiras, en cada minuto que pasaba, sabía que no podíamos mentirnos, que estabamos siendo transparentes el uno con el otro
y que nada podría arruinar eso, ni siquiera nosotros mismos. Debo decir, ¡me siento obligada a decirlo! que, si pudiera haberme quedado así, víctima de todo
el amor que plasmo en mí, de toda la ternura que paso de un cuerpo a otro, de toda la seguridad que me demostró y que nos demostramos en cada abrazo, juro
-no se jura- ¡JURO! Que hubiera sido eternamente feliz ahí, recostada sobre su pecho, sonriendole a la nada, tapados por una fina sábana que de propósito
solo tenía encerrar todo nuestro amor, y no dejar que se escape, a ningún lado, nunca. Entre sus brazos, tomandole las manos, y con mis pies casi enamorados
de los suyos, con mi rodilla derecha sobre su estómago, en una posición que denotaba que lo acaparaba solamente para mí, para que no se fuera, ni se escapara
hubiera sido la persona más afortunada de pasar el resto de mis días así, porque estaba donde quería estar, con quien quería estar y estaba haciendo
exactamente lo que quería hacer, amandolo en mi silencio, pero muy cerca de él.
· Me besó con ternura, con adoración y yo olvidé por completo a la gente, el lugar, el momento y la razón...recordando solo que él me amaba, que me quería y que yo era suya.



Intenté comprender a través de la lluvia de lágrimas que me impedía ver bien, el hecho surrealista de que esa persona asombrosa fuera mía.


Ahora sólo podía distinguir su rostro, que llenó mi visión e inundó mi mente. Sus ojos brillaban como la mantequilla derretida, en todo su esplendor dorado, y su rostro perfecto parecía casi severo con la profundidad de la emoción. Y entonces, cuando su mirada se encontró con la mía, turbada, rompió en una sonrisa de júbilo que quitaba el aliento.
No puedo mover el tórax, ni mis piernas. Con mucha dificultad apenas logro utilizar correctamente mis manos. Lloro mucho, y las lágrimas logran cegarme en cuestión de segundos. Tengo tanto miedo. Siento peso y presión sobre mi cuerpo y a la vez es como si no tuviera cuerpo además de mis brazos. Me cuesta mucho hablar porque las lágrimas me ahogan un poco también... Me arde la nariz y siento mi cara muy caliente, casi hirviendo, pero no digo nada. 
Detesto que me mientan, pero ya no distingo quien lo hace y quien no, asi que solo escucho los "está todo bien" y los "quizás tengamos complicaciones" como si fuesen la misma cosa y asiento con la cabeza, utilizando la fuerza que queda en mi algo entumecido cuello, me duele mucho la espalda también -supongo-. Supongo, porque antes de dejar de sentirla me dolía horrores, creí que me desarmaba bruscamente por dentro. No puedo dejar de llorar, por más que intento, las estúpidas puntadas se chocan entre sí, clavándose punzantes en mi pecho como agujas gigantes, ahogando y cerrando mi garganta a causa del dolor y haciendo que mis ojos liberen la tensión en prolongados llantos y lamentos.
Doy asco. No entiendo nada. ¿Qué es lo que pasa? Tengo mucho miedo.


viernes, 19 de julio de 2013

¿Qué puedo hacer?
Si estoy más hecha de palabras que de huesos, y hablar me cuesta todo!
Es abominable estar a punto de soltar hasta el último detalle de toda la valentía que tengo para escupirte en la cara, y en un parpadeo, estar caminando para el lado opuesto, escapando de mí, de tí, y de todo ese repertorio de idioteces que una vez me estoy guardando.
La soledad es un ácido que te corroe por dentro, es una sensación vacía, asquerosa, decepcionante, triste, arrebatadora, desilusionante, es destructiva, es detonante, es incorregible, insoportable, y todo lo que se asemeje al pozo más profundo, oscuro y desagradable en el que te imaginas que puedes caer algún día. Simplemente eso, soledad.
Nunca olvido, todo lo guardo para cuando sea necesario.
Levanta el ánimo, todo saldrá bien, ya verás.
-¿Te imaginas tu y yo juntos?
-No. -Se echó a reír-.


Te propongo callarnos, dejar de decir cosas que no sentimos. Ignorarnos, dejar de fingir que esto no es cansador, tedioso y completamente abrumante.

jueves, 18 de julio de 2013

Algunas separaciones son instructivas, te enseñan lo que no quieres saber del amor.


Malditos días en los que siento que no valgo nada para nadie, en los que siento que todo el mundo me ignora, que me tratan mal, que les caigo mal, o hasta siento que les doy igual a alguna personas que para mí lo son todo.

Malditos sean.

Me decía que había tiempo. Esa es la mayor estupidez, decir que hay tiempo. Que hay tiempo para hacer las cosas que se piden, mañana, dentro de una semana, o dentro de un par de meses. Nunca hay tiempo. El tiempo se descongela cada vez más rapido. Creí haber llegado al punto límite de la desesperación, al fondo más helado de la decepción y haber encontrado las peores sensaciones en lo más profundo de mí misma, y sin embargo, fíjese usted como las personas pueden cambiar eso en cuestión de segundos, de palabras y de momentos. Sigo levantándome cada día a la espera de sus buenos días, sigo apoyando la cabeza en la almohada cada noche a la espera de sus buenas noches, sigo esperando cada detalle que no vuelve, y que nunca volverá. 
No todo puede cambiar, creo firmemente que las personas no cambian, pero las relaciones que establecen entre unos y otros, definitivamente sí. 
Y ahí está el problema.
No todos creen como yo, y cuando tienen la oportunidad de cambiar las cosas para el bien mutuo, dejan todo en su lugar, y se retiran dejando un simple vacío, oscuro, infinito y lleno de odio.



miércoles, 17 de julio de 2013

Necesitaba desesperadamente un poco de alegría, y él estaba dispuesto a lograr eso.
ESCAPAR DE TODO


Una vez, casi nos tomamos de la mano.
Caminabamos sin rumbo definido, buscando un lugar exacto en el cual pasar el rato que planeabamos estar juntos, ibamos abrazamos, era un ambiente super tierno y a la vez limitado, estamos acostumbrados a ser lindos con el otro porque no tenemos oportunidad de vernos muy seguido, pero esa tarde, se iba mucho de tema con eso, estaba tiernísimo, mermeloso, frutilloso, azucaradito, o como quieran llamarle. Como siempre, estaba completamente prohibido repetir el árbol, y más prohibido aún que hubiera barro cerca. Fue una ardua búsqueda hasta que dimos con el indicado. 
Nos sentamos, él comenzo a cebarme de sus mates tan... tan suyos, y me hizo pasar una de las mejores tardes hasta ahora. Lo extraño tanto. 
Quiero tirarle pasto mientras habla. Quiero que me empuje y me haga cosquillas. Quiero que se manche con tinta china la ropa. Quiero que me regale libros. Quiero que me abrace y que me diga que todo va a estar bien. 


Tenía la esperanza de que te quedaras a mi lado.

"No tocarse nunca, les duele lo mismo que no poderse separar" Lineas Paralelas.

No soy rara o quizas si, tengo otra forma de pensar, no soy fria, me protejo del daño, no soy amargada, estoy destrozada por dentro.


sábado, 13 de julio de 2013

Pues el amor no forma parte del Reino de los Sueños, el amor pertenece al deseo. Y el deseo, siempre, SIEMPRE, es cruel.
Todo lo que sucede una vez, puede no suceder nunca más. Pero todo lo que sucede dos veces, sucederá, ciertamente, una tercera.


Soy seca, soy dura y soy cortante.
El amor me hará otra contigo, pero no podrá rehacerme del todo.


AMAR ES PERDER EL CONTROL
Te ame tal y como eras, y jamás querría que fueras de otra manera, te ame sin comprenderlo todo de ti, convencida de que el tiempo me daría la manera de hacerlo; quizá en medio de todo ese amor olvidara a veces preguntarte si me amabas hasta el punto de abrazar todo lo que nos separa. Quizá.


Odio no saber que decirte, odio más tener que despedirte, y odio completa y definitivamente más que el punto es que no quiero dejar de hablar con vos. Creo que odio más el hecho de que vos no quieras hablar conmigo, y odio un poco más también no saber como hacer para cambiarlo,y volvemos al principio. Perdón, perdón, perdón, perdón, a veces no me doy cuenta de que tengo una persona fuerte, pero a la vez sensible a mi lado,y que no tengo que permitir que cosas que lo hacen mierda, lleguen a él, y me la sigo mandando como siempre, perdón por ser así.

-Yo no solía pedir perdón, maldita sea, bienvenida una vez más excepción.
"No puedo olvidarlo tan fácil, me hace tan mal que no confíes en mí lo suficiente como para decirme las cosas y si es que te sientes mal luego, confiar en que intentaré hacerte sonreír de nuevo, más que hacerme mal, me duele, y eso, quiza debo estar preparada para sentirme así cuando te pregunto algo"



En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones.
Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural.

miércoles, 10 de julio de 2013

Me desborda de alegría, de nervios y de comodidad pura el tenerlo tan cerca. Se siente espléndido el saber que no necesitamos basarnos en relaciones carnales para estar bien con nosotros mismos, y con el otro.
Estaba recostado vuelta hacia mí, me miraba de perfil dado que yo me encontraba viendo el techo, tan simple y tan discreto, pero que si hablara por 5 segundos, nos hundiría con todo lo que tiene para decir de nosotros, todo lo que ha visto y oído... 
Me miraba, sentía su tibia respiración en mi oído izquierdo, sentía su mano izquierda pasearse libre y tranquilamente por todo lugar de mi cuerpo que alcanzara, me mimaba, me daba calor y me hacia sentir a salvo.
Amaba dormirme así, aguardar hasta que el estuviera profundamente dormido, y acomodarme como de costumbre, mirando hacia el costado derecho. Automáticamente el acomodaba su mano sobre mi barriga, sus piernas contra las mías, su pecho en mi espalda, y sus labios en mi nuca para besarme antes de seguir durmiendo. 
No hay magia más grande que hacer y vivir el amor con él, de mil maneras distintas.
Él es mi único límite.


¿Y ella? Ella es mi límite de ternura. Siempre sabe como recibirme, en silencio pero dejando rastros. Preciosa.

sábado, 4 de mayo de 2013



Corría rápido, tanto como para que mi pequeño primo sintiera volar en la calle, y veo caer su celular al suelo. Juro – no se jura – que pensé que iba a bajar al niño, para recoger su celular del suelo, era lo normal, pero me sorprendió drásticamente que siguiera corriendo aún más fuerte, como si el sacarse ese peso lo impulsara a aumentar la velocidad. Le grité que había perdido algo, en tono de broma, y me respondió riendo y respirando agitado que sí, que ya sabía. Mientras seguía en plan de hacer jugar al pequeño, camine lentamente y me lleve el celular al bolsillo trasero de mi pantalón, cuando estuvimos todos juntos me preguntó si lo tenía, y le respondí que sí, y que yo lo guardaría hasta que entráramos.
Me sonreía, y sonreía a su pequeño público, los niños lo miraban y le pedían que hiciera sonidos, que hablara con una voz que solo él sabe hacer, que los tomara entre sus brazos e hiciera acrobacias una tras otra, notaba que a él no le molestaba para nada, y que ellos eran completamente felices ahí, así tanto como lo era yo viendo todo lo que estaba pasando en frente mío.


Nos encontrábamos recostados una vez más en esa cama tan linda, tan cómoda, tan… nuestra. Así como cada vez que estábamos juntos, nos besábamos muy abrazados, y nos decíamos cosas “tiernas” y disfrutábamos de vernos en la mirada del otro.
Fue entonces, cuando cometí un error que, creo yo, jamás voy a perdonarme. Tuve un pequeño desliz, una confusión, que generó un silencio sepulcral entre los dos. Me quedó viendo a los ojos por unos minutos que parecían siglos, tenía los ojos muy abiertos y la boca abierta. Podía verlo en su mirada, se sentía decepcionado y triste, pero más que nada decepcionado. Puedo comprenderlo, yo también me decepcionaba de mí misma, ¿confundirme entre uno y otro? ¿cómo era posible? Me sentía desecha. ¿Cómo era posible que no pudiera mi mente distinguir entre tanto blanco y tanto negro? No existían grises que pudieran confundirme, pero aun así, lo hice, me equivoqué y no podía hacer más que regalarle mi silencio y mi paciencia. Movió su brazo de detrás de mí dejando de abrazarme, lo puso al costado de su cuerpo y se posicionó mirando el techo, con los ojos muy abiertos. Me coloqué de la misma manera, y me quedé viendo el placar que estaba a unos pasos de distancia, analizando la forma, el color, y todas esas cosas que no me interesaban del estúpido placar, pero que me distraían de llorar. Al cabo de unos 10 minutos, se volteó hacia mí y me dijo que me amaba, intento abrazarme, levantarme y besarme, rechacé todo esto, sin hablar y sin moverme. En un determinado momento, me tomó algo brusco entre sus brazos, me sentó un poco y me dijo que lo abrazara, lo miré muy… perdida, muy ida, no estaba allí.
Acomodo mis brazos alrededor de su cuello y me abrazó, yo sólo miraba al vacío mientras él me hablaba, no recuerdo nada de lo que me dijo, estoy segura de que ni siquiera lo estaba escuchando.
Luego de un rato, lo miré a los ojos y lo besé, fue una acción por inercia, en realidad, quería salir corriendo de ese lugar. Me sentía avergonzada, confundida y triste, muy, muy triste.


miércoles, 1 de mayo de 2013



Al menos una vez al mes, me tienta ordenar mi habitación a fondo, verdaderamente a fondo. Bien, ese día fue hoy, llegué del centro y me puse en acción de dejar mi pieza brillante como el cristal.
Como acostumbro, dejo el espejo para el final. Lo acomodé sobre el suelo, y le pasé un trapo húmedo, al terminar, suavemente sequé los restos de agua con pañuelitos descartables, para que quedara sumamente limpio y brillante. En medio del proceso, me miré en el espejo, no presté atención y seguí, pero había algo diferente, volví a mirar y quede helada ante lo que veía en el reflejo. No era yo, no podía ser yo.
Mis lágrimas caían cual cascada gigante, era impresionante la velocidad con la que caían y rodeaban mis mejillas hasta llegar a mi cuello, juro que no podía sentirlas, y que si no me hubiese mirado en el espejo, jamás me hubiera enterado de que lloraba, ¡y cómo lloraba!
No entendía muy bien lo que estaba pasando, yo limpiaba el espejo y a la vez veía mis lágrimas caer, era como una lluvia en mi rostro, sólo que luego de verme, logré sentir el llanto, y cada lágrima me quemaba el rostro, las sentía muy calientes, y mis pómulos iban helando todo mi ser.
Me sentía aturdida, confundida y despreciable. Era demasiado para mí.




Día –para variar – aburridísimo, me levanté para desayunar, pero como hacía tres días volví a vomitar el rico desayuno que me había preparado (entiéndase por  “rico desayuno” una taza de té y dos tostadas más pequeñas que la palma de mi mano.
Llegué a la escuela y era algo temprano todavía, entonces decidí llamarlo por teléfono, él siempre daba vueltas por el centro hasta mi horario de entrada, me atendió y le pedí que fuera a la esquina en frente de mi colegio, él accedió y me estaba esperando ahí al cabo de 5 minutos.
Me miró, me saludó y hablamos unos minutos. Antes de irse, noté que abría su mochila y sacaba la cartuchera, tomó un resaltador rosa y mientras yo sostenía la cartuchera, se colocó la mochila entre las piernas apoyada en el suelo y me sostuvo el brazo suavemente en su mano derecha.
Cuando miré intentando comprender qué hacía, noté que estaba dibujando un corazón en mi brazo, justo encima de las cicatrices de mis muñecas. Algo sorprendida, pregunté
-          ¿Por qué un corazón y por qué ahí?
A lo que sonriendo dulcemente me respondió:
-          Porque, aunque sea goma, si te cortas, estás cortando mi corazón.
Lo miré desentendida de toda esa situación y lo abracé. Era una sensación tan linda, me sentía muy completa y algo avergonzada por su acción, sentía que el posaba en mí, una atención un poco más exagerada que el resto de las personas, y debo admitir que me encantaba.
Al mirar la hora en su celular, me dijo que fuera a la escuela, que iba a llegar tarde. Yo no quería irme, en realidad, nunca quiero… Pero accedí, lo saludé y cada cuál camino para un lado diferente.
En el momento en que entré al aula, me senté con mis compañeras de siempre. Le mostré mi brazo a July y me preguntó:
-          ¿Por qué un corazón y por qué ahí?
Me causó gracia, era como una especie de deja-vú algo extraño. Pero al fin le respondí:
-          Porque él me dijo, que si me cortaba, entonces estaría cortando su corazón.
July, algo enternecida por esa idea, emitió un sonido parecido al de un gatito llorando o algo parecido, y me dijo:
-          Que ternura, a ver dame tu brazo.
Acostumbrada a que me escriba cosas como “te quiero” o parecidos en el brazo, lo extendí y seguí escribiendo con mi otra mano. Cuando me miré el brazo, tenía dibujado un –algo bastante grande– corazón rojo. Me explicó que lo que él había iniciado, ella iba a continuarlo.
Fue así como le planteó la idea al resto de nuestro grupo, y acabé con cinco lindos corazones, de distintas formas y colores.
A veces me pongo algo triste, lloro y pienso que sería mejor no sentirme así y concentrarme en la sangre cayendo por mi brazo, o en el dolor que conlleva lastimarme para lograr eso… Pero también es justo en ese momento, cuando recuerdo esta linda propuesta y simplemente me acuesto a dormir, porque… ¿Quién soy yo para andar cortando corazones ajenos? Dormir es mejor, mucho mejor, ahí puedo soñar y tengo mis brazos completamente limpios, y eso me basta.
Supongo que… él sabía que iba a respetar algo que me propusiera, así como todo lo que tiene que ver con él… Definitivamente sabe cómo tratarme, y sabe por supuesto, por cuál camino llevarme para lograr que mi situación mejore.
Es sumamente perfecto.


PD/ La perfección no existe, él es mi excepción, siempre, para todo.