jueves, 18 de julio de 2013

Me decía que había tiempo. Esa es la mayor estupidez, decir que hay tiempo. Que hay tiempo para hacer las cosas que se piden, mañana, dentro de una semana, o dentro de un par de meses. Nunca hay tiempo. El tiempo se descongela cada vez más rapido. Creí haber llegado al punto límite de la desesperación, al fondo más helado de la decepción y haber encontrado las peores sensaciones en lo más profundo de mí misma, y sin embargo, fíjese usted como las personas pueden cambiar eso en cuestión de segundos, de palabras y de momentos. Sigo levantándome cada día a la espera de sus buenos días, sigo apoyando la cabeza en la almohada cada noche a la espera de sus buenas noches, sigo esperando cada detalle que no vuelve, y que nunca volverá. 
No todo puede cambiar, creo firmemente que las personas no cambian, pero las relaciones que establecen entre unos y otros, definitivamente sí. 
Y ahí está el problema.
No todos creen como yo, y cuando tienen la oportunidad de cambiar las cosas para el bien mutuo, dejan todo en su lugar, y se retiran dejando un simple vacío, oscuro, infinito y lleno de odio.


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Copos de nieve.