miércoles, 17 de julio de 2013

Una vez, casi nos tomamos de la mano.
Caminabamos sin rumbo definido, buscando un lugar exacto en el cual pasar el rato que planeabamos estar juntos, ibamos abrazamos, era un ambiente super tierno y a la vez limitado, estamos acostumbrados a ser lindos con el otro porque no tenemos oportunidad de vernos muy seguido, pero esa tarde, se iba mucho de tema con eso, estaba tiernísimo, mermeloso, frutilloso, azucaradito, o como quieran llamarle. Como siempre, estaba completamente prohibido repetir el árbol, y más prohibido aún que hubiera barro cerca. Fue una ardua búsqueda hasta que dimos con el indicado. 
Nos sentamos, él comenzo a cebarme de sus mates tan... tan suyos, y me hizo pasar una de las mejores tardes hasta ahora. Lo extraño tanto. 
Quiero tirarle pasto mientras habla. Quiero que me empuje y me haga cosquillas. Quiero que se manche con tinta china la ropa. Quiero que me regale libros. Quiero que me abrace y que me diga que todo va a estar bien. 


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Copos de nieve.