jueves, 22 de agosto de 2013

No te enamores, quereme a mí - Dijo Bee.
La recuerdo perfectamente en aquel momento. Estaba sentada en un sillón junto a la ventana con las piernas desnudas encogidas, acababa de ducharse y lavarse el pelo, llevaba sólo la ropa interior y la cabeza envuelta en una toalla, la cara franca, grande, me miraba con interés, casi divertida, sin temor.
*
Bee no se parece en nada a mí. Todo en ella se contrapone a mí; lo que en ella es anguloso, huesudo y pequeño, en mí es redondeado, suave y grande; mi pelo es corto y oscuro, el suyo largo y muy claro; su cara es tan bella, tan sencilla, toda armonía; sus ojos, su nariz, su boca de líneas regulares.




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Copos de nieve.