domingo, 20 de octubre de 2013

Era completamente impresionante el brillo de sus ojos, y la manera en que mi rostro en ellos también revelaba un pequeño destello.
Me miraba, y yo lo miraba, su boca denotaba nervios al temblar, y sus piernas un poco de seguridad al entrelazarse con las mías, nada más hermoso que un colchón para dos, ¿no?
Llegué a pensar que le divertía revolcarse conmigo ahí, como si fuésemos niños, queriendo hacer cosas que no debemos.
- Mira como me tienes, parezco una víctima.
- Todo depende.
- ¿De qué depende?
- De si quires ser mi víctima, o no.
- Prefiero decir que sí.
Bien sabía que quería que él se sintiera así, pero me gustaba el tono en que lo admitía, me generaba cosquilleo en todo mi cuerpo.

Lo oí preguntar.
- ¿Derecha o izquierda?
- Derecha.
- Muy bien.
Y entonces, de un segundo a otro, habían sucedido cosas que no esperaba, o que esperaba pero me daban pudor, o que no me daban pudor pero... en fin, cosas.
Nada más hermoso que un colchón para dos.

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Copos de nieve.